Hay momentos en la vida en los que una no sabe muy bien qué está buscando, solo sabe que lo que tiene ya no alcanza.
En Mayo, después de renunciar a mi trabajo, empecé a pensar en Brüme, no tenía un plan enorme. Al principio la idea eran solo velas, pero hoy creo que, en realidad, estaba buscando otra cosa. Me estaba buscando a mi. Durante mucho tiempo fui muchas cosas para los demás: mamá, esposa, hija, amiga, responsable de una casa, de una familia, de una rutina. Y, en medio de todo eso, apareció una necesidad que no sabía muy bien cómo explicar: quería tener algo que fuera mío. Mío de verdad, algo que me diera un poco de libertad, que pudiera construir a mi manera, algo que llevara mi nombre aunque no llevara mi apellido. Y así apareció BRÜME.
Creo que desde el primer día la miré como se mira a un hijo: con una mezcla bastante particular de amor, obsesión, ilusión y la certeza de que quiero que salga exactamente como lo imaginé. Porque sí, podría haber empezado haciendo velas y vendiéndolas, pero nunca pude quedarme solamente ahí. Antes de hacer la primera vela ya había estudiado, quería entender exactamente lo que estaba haciendo, no era un hobby. Después seguí estudiando, probando, buscando, ajustando.
Los aromas siempre me fascinaron. Me gustan los aromas de las personas, de las estaciones, de las casas. Hay perfumes que me llevan directamente a un lugar, a una época, a una persona. Tengo recuerdos guardados en forma de aromas.
Quizás por eso nunca pensé en BRÜME solamente como algo que tenía que oler rico, quería que un aroma pudiera contar algo, que una vela pudiera cambiar un momento, que entrar a una casa y sentir determinado perfume pudiera convertirse, algún día, en un recuerdo para alguien mas.
Entonces BRÜME empezó a crecer.
De las velas pasé a estudiar y desarrollar todo lo que quería que formara parte de la marca. Los aromas, la estética, las etiquetas,los productos, los detalles, la experiencia.
Porque eso era lo que realmente estaba construyendo, una experiencia BRÜME.
Recuerdo perfectamente cómo eran esos primeros días. Caos. Una mezcla increíble de aromas por toda la casa. Fórmulas, muestras, cajas, mi libreta llena de anotaciones, mi lapicera favorita que probablemente vivía en mis manos, el café al lado de todo.
Y yo. Probando, pensando, cambiando, volviendo a probar. No quería que algo estuviera “bien” quería que estuviera como yo quería. Quizás esa fue una de las partes más difíciles: transformar algo que estaba tan claro en mi cabeza en algo que pudiera tocarse, olerse y verse.
Que la etiqueta fuera la correcta, que el aroma fuera el correcto, que los colores fueran los correctos, que abrir una caja de BRÜME se sintiera como yo quería que se sintiese.
El nombre también tenía que ser así.
Mi apellido es francés y, desde el principio, imaginé toda la marca desde ese lugar. BRÜME significa niebla en francés. Y no sé si podría haber encontrado una palabra que me representara mejor, porque BRÜME no es solamente algo que hice, se siente como una parte de mí. Es yo en mi máximo exponente. La primera persona que creyó en BRÜME fui yo, eso también es importante decirlo.
Nunca me senté a preguntar quién pensaba que iba a funcionar y quién no, simplemente decidí que iba a hacerlo funcionar.
No recuerdo quién hizo la primera compra, pero sí recuerdo algo mucho más importante: Yo ya había decidido que esto era mío. Hoy BRÜME es mi espacio, mi trabajo, mi obsesión, es ese lugar al que vuelvo cuando necesito crear, es una idea que empezó con una vela y terminó convirtiéndose en un universo que todavía sigo construyendo.
A veces pienso que todas necesitamos, en algún momento, algo que sea solamente nuestro, algo que no sea el papel que cumplimos para alguien más, algo que podamos mirar y decir: esto lo hice yo.
Quizás empezar de cero no siempre significa dejar atrás todo lo que fuimos, algunas veces, significa finalmente encontrarnos.
Y quizás por eso BRÜME se siente tanto como un bebito para mí, porque nació de una etapa en la que yo también estaba tratando de volver a nacer un poquito.
Si alguna vez tenés una pieza BRÜME entre tus manos, o encendés una de mis velas, o reconocés uno de mis aromas en algún lugar, me gustaría que sintieras algo de todo eso.
Un ratito de calma.
Un recuerdo.
Una pausa.
Una experiencia que, aunque dure un momento, vos también puedas hacer que se sienta tuya.
Porque eso es lo que siempre quise hacer con BRÜME: crear pequeños momentos que se queden.
Con amor, Déborah, la que perdió la cuenta de tantas veces que empezó de cero.
